La espera llevaba muchos años; muchos.
En Ezeiza unas horas, nada más, parecían más largas que los años. la ansiedad como polilla agujereaba la expectativa. Cuando una voz en el aeropuerto anunciaba el aterrizaje, los ojos de los primos, grandes y chicos, no se despegaron de una puerta que decía "arribos".

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